“Mientras el
sediento busca el agua, el agua está buscando también al sediento.” Jalal Al – Din rumi. S XIII
Es una frase que quiere expresar que el deseante mientras va buscando satisfacer su deseo el deseo también lo busca, le atraviesa, con una finalidad. La de coincidir ambos en único y profundo deseo, el de ser… En el libro de Javier Melloni “El deseo esencial”, nos explica que estamos atravesados y habitados por deseos, que son revelación de un único Deseo, el Deseo de ser, este proviene de Dios, (LO DIVINO.) por ser sus hijos. Así como un artista deja parte de su esencia en sus obras, así Dios deja sellada una parte de su ser en cada uno de nosotros/as al crearnos, igual que todo padre lega su ADN a sus hijos al engendrarlos, revelándonos así que, habitados por Dios, le buscamos desde nuestra humanidad y que todo deseo tiene como finalidad llevarnos a nuestra identidad más honda.
Al igual que respirar es parte de nuestra naturaleza humana, es una
necesidad para poder vivir, es la fuerza interior que nos empuja a movernos, a
actuar, a decidir, a sentirnos vivos, sobre
todo porque cada deseo tiene detrás la intención del deseo mayor, (El de ser).
Tomar conciencia de ellos, nombrarlos, sentirlos y encausarlo es lo que nos
dirige en la dirección del descubrir y desplegar nuestro ser.
La invitación es a ver que el deseo es
totalmente humano, sin cargas positivas o negativas, comparándolos con las
necesidades vitales como comer y beber, También nos aclara que satisfacer
desmedidamente todas nuestros deseos nos desubica del camino del ser nosotros
mismo en plenitud, Por otro lado, reprimir estas necesidades no es sano porque
se desbordaran causando un daño mayor. De allí la importancia de entrar en
contacto con nuestro centro, escuchar, descubrir, nombrar nuestros deseos y
necesidades para poder descubrir en ellos el camino hacia nuestro ser y que
este se despliegue plenamente en comunión con el ser incondicional.
Melloni habla del vacío que nos habita y que existe con la
sola finalidad de ser llenado por Dios, proceso de trascendencia hacia el que
caminamos, hablando del amor en sentido universal y personal, como algo divino.
Manifestándose en cualquier estilo de vida, revelando que Dios es quien llena
con la experiencia se su amor nuestro vacío, tanto en quienes deciden amar en
una relación de pareja, como quienes optan por un estilo de amor universal.
Junto al amor, no podemos olvidarnos de
la belleza que es esa fuerza que
conquista nuestros sentidos dejando una
huella en nuestro ser, lo bello nos atrae, transforma, y encamina en
nuestro despliegue, no es un elemento que nos aparte de nuestro ser, sino que
más bien, afina nuestros sentidos por donde atraviesa la experiencia divina,
que no es otra cosa que Dios haciéndose presente a través de nuestros sentidos,
como una hermosa melodía, deliciosos sabores, colores, paisajes, rostros,
sonrisas, miradas, esto que nos estremece desde lo más profundo es Dios
interactuando con lo divino que nos habita, nuestro ser.
Hemos de recordar que nuestro vacío existe para ser habitado por
Dios, en comunión plena, lo cual es un proceso que nos lleva toda la vida,
mientras estemos vivos nunca nos sentiremos plenamente satisfechos, sino que en
la medida que vamos alcanzando esos deseos, crece más esa necesidad de llenarlo
de lo divino, de lo infinito. (Una atracción de lo divino porque
provenimos de lo divino). Sólo que este deseo esencial no está a simple vista,
requiere de un trabajo artesanal y tenaz que se descubre y
desarrolla durante toda la vida.
En esta misma sintonía, de que tenemos por naturaleza el deseo de evolucionar, de trascender, nos encontramos con el conocimiento como puente entre la experiencia de Dios y lo que vivimos. Resaltando la importancia de no acumular información como en un disco duro, sino que aprendemos en relación con quienes somos. La información que poseemos la recibimos de nuestro entorno y la procesamos según nuestras etapas y momentos vitales, una misma información puede ser recibida de distintas manera por una persona en diferentes momentos de su vida (infancia, juventud y vejez). El conocimiento nos encamina hacia nuestro ser cuando éste se transforma en sabiduría, es decir, que pasa por nuestro cuerpo, recuerdos, por nuestro sentidos, sabemos porque lo vivimos.
Impulso genuino de ser quienes real y
profundamente somos, en nuestra originalidad más íntima, ese deseo, esa fuerza
latente dentro de cada uno/a nos orienta a descubrir y desplegar nuestro ser en
plenitud. Esa esencia que nos habita y recorre todo nuestro ser, que no se
salta nuestra humanidad, sino que se encarna en ella y habitándonos nos conduce
hacia la plenitud total. Donde somos genuinamente lo que estamos llamados a
ser, sin capas, sin falsos deseos que nos alejen de nuestro centro. Aquí la necesidad de conectar de una manera
especial con lo divino, porque si bien es cierto que nos habita, también
necesitamos, deseamos conectar con ello de una manera íntima y consciente.
En este libro puedo contemplar una
espiritualidad profundamente encarnada en el ser humano y que Dios hace uso de
todos los deseos y necesidades, para manifestarse en nuestras vidas y llevarnos
a la plenitud de vivir en cada uno y cada uno viviendo en él: SAGRADA COMUNION,
que no aleja sino integra a todos/as, todo.
